Gabriela Alatorre: cantar para nombrar el duelo, la memoria y la libertad
- Redacción Fourklore

- 18 ene
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Actualizado: 19 ene
Habla con calma, elige las palabras antes de decirlas y mantiene una sonrisa suave que aparece cada vez que un recuerdo la lleva a otro tiempo. Gabriela Alatorre no canta para llenar el silencio, sino para escucharlo. Su música parte de experiencias profundamente íntimas como el duelo, la ruptura, la memoria, la salud mental y las convierte en un territorio compartido, donde quien escucha puede reconocerse.
Originaria del norte de la Ciudad de México, en la alcaldía Gustavo A. Madero, la cantautora ha construido un proyecto solista que dialoga con la nueva canción latinoamericana, el indie folk y los ritmos tradicionales mexicanos. Más que una propuesta musical, su obra es una forma de estar en el mundo: observarlo, nombrarlo y cantarlo desde lo sensible.
El juego que se volvió destino
Cuando recuerda su primer acercamiento a la música, su expresión cambia. Sonríe instantáneamente al hablar del teclado que recibió como regalo de Reyes Magos cuando tenía seis o siete años. No lo menciona como un objeto, sino como una puerta. Sin saber leer partituras ni tener formación musical, comenzó a imitar sonidos, a reproducir melodías de oído, a cantar sin ninguna pretensión.
Era un juego, dice, pero uno que se volvió constante. Durante la infancia y la adolescencia, la música estuvo ahí de forma autodidacta, acompañándola sin exigencias. No fue sino hasta después de la preparatoria cuando decidió estudiar música de manera formal en distintas escuelas de la Ciudad de México, como la Casa de la Música Mexicana y la Escuela del Rock a la Palabra. Más adelante, profundizó en el estudio de la voz, su instrumento principal, con maestras y maestros que marcaron su camino, entre ellos Iraida Noriega, Leika Mochán y Juan Pablo Villa.
Ese tránsito entre la intuición y la técnica definió su relación con la música, una disciplina aprendida sin perder la emoción del primer juego.
La mirada que dejó la comunicación
Antes de dedicarse por completo a la música, Gabriela estudió Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM. Al hablar de esa etapa, su tono se vuelve más firme. Hace una breve pausa antes de decir que la universidad no solo le dio herramientas profesionales, sino una manera de mirar el mundo.
Esa formación permeó en su postura política, en su trabajo colectivo y en la forma en que concibe el arte. Durante esos años, la música convivía con la vida académica desde un lugar lúdico. Formó parte de una banda universitaria con la que tocaba blues, soul y jazz, sin imaginar todavía que la música se convertiría en el eje de su vida.
Al terminar la carrera, aunque realizó algunos trabajos audiovisuales, decidió priorizar su camino musical. Sin embargo, la comunicación nunca se fue del todo: hoy se refleja en la importancia que otorga a la imagen, al relato y a la memoria visual que acompaña sus canciones.
Gabriela Alatorre, la Mujer Pájaro
Cuando habla de Mujer Pájaro, la mirada se ilumina. Fue la primera canción con la que se nombró cantautora. La escribió antes de reconocerse formalmente como creadora, pero algo cambió cuando decidió presentarla en un concurso de composición. A partir de ahí, dice, se abrió una puerta.
La canción habla de la libertad, del amor sin posesión, de la posibilidad de ser sin ataduras. Mientras enumera verbos asociados a las aves como volar, anidar y cantar, lo hace casi sin darse cuenta, como si esas palabras siguieran funcionando como brújula creativa. Nombrarse mujer pájaro no es una etiqueta, es una forma poética de habitar su música.
Cuando el dolor también florece
La dimensión emocional ocupa un lugar central en su obra. En De la flor y la memoria, su voz baja ligeramente. Habla de una ruptura afectiva profunda, de esas que dividen la vida en un antes y un después. De ahí surgió una frase que hoy acompaña a muchas personas: “También en el desierto crecen flores”.
La canción reflexiona sobre la memoria, las semillas emocionales y la añoranza de aquello que ya no existe. Con el tiempo, Gabriela asoció esta pieza a un proceso de mudanza personal. El videoclip, construido a partir de material de archivo familiar encontrado entre las pertenencias de su abuelo, terminó de cerrar ese círculo. Al mencionarlo, aparece una sonrisa contenida. La memoria, dice, no solo duele, también sostiene.
“Te acuerdas cómo me decías
Que las flores vuelven a crecer
Te acuerdas cómo me dolía
Que te fuera yo a perder”
Canciones que nacen de otras vidas
Durante la pandemia, el proceso creativo tomó nuevos caminos. Traguito de mezcal nació de una historia ajena; la de una amiga que le pidió escribir una canción para un amor que inició con un traguito de mezcal. Gabriela escuchó, tomó notas mentales y transformó ese relato en música. Aunque la historia de amor no prosperó, la canción sí.
Habla de flotar, de la ligereza de estar con alguien, de la felicidad compartida. Quizá por eso conecta con el público. Los arreglos, con protagonismo de alientos, surgieron de colaboraciones cercanas. Amigos músicos, muchos de ellos estudiantes de la Escuela Nacional de Música que participaron en la construcción sonora del EP Mujer Pájaro. La fusión de músicos originarios de Oaxaca y Guerrero aportó una sonoridad que remite a la sierra y a la tradición.
Dolores y compañía: nombrar la salud mental
El proyecto más reciente de Gabriela Alatorre se titula Dolores y compañía. Utiliza nombres de mujer: Dolores, Soledad, Socorro, Consuelo, Remedios y Milagros, para evocar distintas etapas del duelo emocional. Al explicarlo, su tono es reflexivo. Aclara que los duelos no son lineales, y que el disco tampoco pretende serlo.
El EP aborda temas de salud mental, particularmente en mujeres, y busca desmitificar experiencias como la depresión y los padecimientos emocionales crónicos. Parte de historias propias y ajenas, de observar de cerca lo que muchas personas viven en silencio.
Actualmente, el material se graba en el Estudio Casa del Árbol. Algunas canciones ya han sido estrenadas y otras verán la luz próximamente. El proyecto tuvo una primera presentación en teatro, donde la respuesta del público confirmó que hablar de estos temas también puede ser un acto de encuentro.
Lo que sigue en el vuelo de Gabriela Alatorre
Gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes (FONCA), Gabriela realizará una gira por distintos estados del país, entre ellos Oaxaca, Veracruz, Michoacán, San Luis Potosí, Morelos, Puebla y la Ciudad de México, donde cerrará con un concierto de presentación del disco en formato físico.
Mientras tanto, sigue componiendo. Sabe que la vida del artista independiente tiene ritmos irregulares, pero no deja de escribir.
Su música está disponible en plataformas digitales y redes sociales, donde continúa creciendo como un espacio para nombrar lo que duele, lo que sana y lo que, incluso en medio del desierto, vuelve a florecer.





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